En la ladera de una colina en la zona de la costa de Barcelona, esta parcela está dominada por grandes encinas que se respetaron durante la construcción de la casa.

Los propietarios querían unos exteriores donde poder disfrutar de la vida al aire libre, cultivar un huerto, hacer reuniones en familia y no menos importante, que fuese también un jardín sostenible y acorde con su entorno.

La pendiente muy pronunciada fue responsable de uno de los mayores retos de esta parcela: hacerla comodamente accesible y practicable en su totalidad sin la creación de grandes muros y contenciones.

Una siembra de centrantus ruber, euphorbias, pistacias, armerias, gramineas y otras plantas nativas, acompaña los diferentes espacios y rincones que ofrece. En la parte orientada a norte un camino de acanthus mollis desemboca en un amplio espacio, corazón de la vida diaria. Enmarcado bajo la sombra de dos ejemplares de encinas, está el comedor y la cocina de verano, junto a una siembra de especies de plantas culinarias. 

Una estructura a nube de rosmarinus «boule» alternado por agrupaciones de perovskia, crean un atractivo efecto de capas en los taludes, tiñéndose de unos delicados tonos azules, con la tenue luz de la mañana.

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